10 de febrero de 2026 · Suelo pélvico

Histerectomía: qué es y qué puede cambiar en tu cuerpo

La histerectomía es una cirugía muy frecuente en mujeres, y aun así sigue siendo una intervención rodeada de silencios, dudas y mucha desinformación. Muchas pacientes llegan a consulta sin saber qué puede pasar después, no solo a nivel físico, sino también en aspectos tan importantes como la continencia, el dolor o la sexualidad.

Empecemos por el principio.

La histerectomía es la intervención quirúrgica en la que se extirpa el útero, de forma parcial o total, y en algunos casos también los ovarios y/o las trompas. Popularmente se habla de «quitar la matriz» o incluso de «vaciarse», un término que personalmente no me gusta nada y que no refleja en absoluto la realidad del cuerpo ni de la mujer que pasa por esta cirugía.

¿Por qué se realiza una histerectomía?

Si una ginecóloga o ginecólogo indica esta intervención es porque es necesaria. La histerectomía es el tratamiento indicado en patologías como miomas, cáncer, endometriosis severa o prolapsos avanzados, entre otras. No se trata de una decisión banal ni de una cirugía innecesaria.

Ahora bien, que sea necesaria no significa que no tenga consecuencias, y es importante conocerlas para poder prevenirlas y tratarlas a tiempo.

Posibles cambios tras una histerectomía

Tras una histerectomía pueden aparecer síntomas como dolor pélvico persistente, pérdidas de orina, dificultad para evacuar, sensación de peso, cambios en las relaciones sexuales o molestias abdominales. No tienen por qué aparecer en todas las mujeres, ni de forma intensa, pero es importante saber que pueden ocurrir.

El tipo de cirugía influye mucho. No es lo mismo un abordaje abdominal que uno vaginal o laparoscópico. En las cirugías abdominales puede quedar dolor en la pared abdominal, alteraciones en la cicatriz o cambios en la gestión de las presiones. En las cirugías vaginales, en algunos casos, puede verse afectada la musculatura o la inervación del suelo pélvico.

Además, cuando se retira un órgano, el resto de las vísceras tienen que reorganizarse en ese nuevo espacio. Ese reajuste interno puede modificar la posición y la movilidad de los órganos, y en algunos casos también su función. El cuerpo es adaptable, pero necesita acompañamiento.

No todo es físico (y eso también importa)

Muchas mujeres viven esta cirugía como un proceso de duelo. Pueden aparecer tristeza, sensación de vacío o cambios en la percepción del propio cuerpo. Estas emociones son legítimas y no deben minimizarse. Si este proceso te desborda, pedir ayuda profesional es una opción saludable. No estás exagerando ni estás sola.

¿Qué podemos hacer desde la fisioterapia?

El abordaje ideal empieza incluso antes de la cirugía y continúa después, siempre adaptándose a cada mujer y a cada intervención.

Cuidados antes de la cirugía

Preparar el cuerpo antes de una histerectomía facilita mucho la recuperación. El objetivo no es «hacer más», sino hacerlo mejor.

Trabajamos la musculatura del suelo pélvico, no solo en fuerza, sino también en coordinación y control. Si no eres capaz de identificarla o activarla correctamente, es importante dejarte guiar por una fisioterapeuta especializada.

También preparamos la musculatura glútea, abdominal profunda y la columna, buscando estabilidad y buena gestión de las presiones. Ejercicios de tipo pilates o yoga pueden ser útiles, siempre que estén bien adaptados y no aumenten de forma excesiva la presión intraabdominal. Aquí no todo vale, ni todo lo que parece suave lo es.

Cuidados después de la cirugía

Tras la intervención, la ginecóloga marcará un tiempo de reposo y restricciones. Ese tiempo debe respetarse. Durante esa fase inicial se pueden realizar las curas indicadas y, si está pautado, utilizar TENS para el control del dolor.

Una vez superada esa primera etapa, se puede empezar de forma progresiva con:

  • Activación suave del transverso abdominal, sin bloquear la respiración
  • Movilidad pélvica sentada sobre pelota de pilates
  • Reintroducción progresiva de los ejercicios de suelo pélvico, con contracciones suaves
  • Masaje perineal para mejorar la elasticidad y reducir tensiones
  • Trabajo de la cicatriz con masaje y técnicas específicas para mejorar su movilidad

Cuando la cicatriz está completamente cerrada, el uso de vibración local puede ayudar a mejorar la sensibilidad y reducir el dolor cicatricial, siempre bien indicado y explicado.

¿Por qué acudir a una fisioterapeuta de suelo pélvico?

Todas estas pautas pueden formar parte del trabajo en casa, pero la valoración y el tratamiento especializado marcan la diferencia. En consulta no solo miramos el suelo pélvico «aislado». Valoramos el abdomen, la movilidad visceral, el diafragma, la postura, la pelvis y cómo todo eso se ha adaptado tras la cirugía.

Muchas pacientes me preguntan cómo es una sesión de fisioterapia de suelo pélvico. La respuesta siempre es la misma: depende. En algunas mujeres trabajaremos principalmente abdomen y diafragma; en otras, la zona lumbosacra; y en ciertos casos será necesario valorar directamente el suelo pélvico, de forma vaginal o anal, para detectar tensiones o restricciones.

Ese trabajo se hace siempre desde el respeto, la intimidad y el consentimiento, y nunca debe ser doloroso. Puede resultar molesto en algún momento, pero el dolor no forma parte de un buen tratamiento.

Una última idea importante

El movimiento y el ejercicio bien pautado ayudan muchísimo en la recuperación, pero no existen atajos ni ejercicios milagro. Algunos ejercicios, si están mal ejecutados o no son adecuados para tu momento, pueden empeorar los síntomas.

Déjate acompañar y guiar. Un cuerpo operado no es un cuerpo roto, pero sí es un cuerpo que necesita comprensión, tiempo y un abordaje individualizado.

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