Suelo pélvico

El suelo pélvico: qué es y por qué deberías saber que existe

La mayoría de la gente descubre que tiene suelo pélvico cuando empieza a dar problemas. Y muchas veces ni siquiera entonces, porque nos han dicho que perder orina después de tener hijos es normal, que con la edad es lo que toca o que si haces deporte puede pasar.

Quiero explicarte qué es el suelo pélvico y cómo funciona de una forma sencilla, para que entiendas qué te está pasando y, sobre todo, para que aprendas a diferenciar entre algo que es frecuente y algo que es normal.
Porque no es lo mismo.

Ilustración de la pelvis y el suelo pélvico

Qué es exactamente

Tu suelo pélvico está formado por un conjunto de músculos que se encuentran en la base de la pelvis y ayudan a sostener los órganos pélvicos, como la vejiga, el útero, la próstata o el recto.

Todos tenemos suelo pélvico: mujeres, hombres y niños. Y no trabaja de forma aislada. Se coordina con el diafragma, los abdominales y la musculatura de la espalda.

No trabaja solo

El suelo pélvico es la base de un cilindro

Arriba está el diafragma, delante la musculatura abdominal profunda, detrás la musculatura de la espalda y abajo el suelo pélvico. Todos trabajan de forma coordinada.

Por eso, cuando algo no funciona bien, no siempre el problema está justo donde aparecen los síntomas.

Diafragma Abdominales profundos Espalda Suelo pélvico

Para qué sirve

Hace varias cosas a la vez, y por eso da síntomas tan distintos cuando falla.

01

Sostener

Ayuda a sostener los órganos pélvicos en su posición. Cuando este sistema de sostén no funciona bien, puede aparecer sensación de peso o de bulto, o eso que muchas veces nos explican como «tener la vejiga o el útero un poco bajos».

02

Controlar

Permite tanto contener como vaciar: mantiene la continencia de la orina, los gases y las heces, y se relaja en el momento adecuado para que puedas vaciar la vejiga y el recto sin esfuerzo.

03

Función sexual

Participa en la función sexual: interviene en la erección, ayuda a que la penetración pueda ser cómoda y sin dolor y participa, junto con otras estructuras, en el orgasmo.

04

El parto

Durante el parto, el suelo pélvico tiene que ser capaz de relajarse, adaptarse y elongarse para facilitar el paso del bebé.

05

Sostener la postura

Forma parte del sistema que nos ayuda a mantenernos estables y movernos. Trabaja de forma coordinada con el diafragma, los abdominales y la musculatura de la espalda. Por eso, la postura, la respiración y la forma en la que nos movemos también influyen en cómo trabaja el suelo pélvico.

Señales

Cómo sé que tengo un problema

El suelo pélvico es un conjunto de músculos que trabaja constantemente y cumple funciones muy importantes. Estas son algunas señales que nos pueden indicar que algo no está funcionando bien:

Se te escapan unas gotas al estornudar, toser, reír, saltar o correr.

Estás tranquila y, de repente, aparecen unas ganas de orinar que te cuesta controlar.

Se te escapan los gases sin poder evitarlo.

Te cuesta ir al baño, tienes que hacer mucho esfuerzo o sientes que no has vaciado del todo.

Tienes dolor durante las relaciones sexuales o notas que te cuesta relajarte.

Sientes peso, presión o un bulto a nivel vaginal.

Que un síntoma sea frecuente no significa que sea normal.

Y, sobre todo, no significa que tengas que acostumbrarte a vivir con él.

Lo que te han dicho que es normal y no lo es

«Es que he tenido dos hijos»
Haber tenido hijos explica por qué ha pasado. No significa que tengas que vivir así el resto de tu vida.
«Es la edad»
La menopausia produce cambios en los tejidos, sí. Pero eso no significa que tengas que resignarte a los síntomas. Al contrario, es un motivo más para trabajarlos.
«A todas las que corremos nos pasa»
Que le pase a muchas mujeres no significa que sea normal. Significa que es frecuente, que es muy distinto. Y en la mayoría de los casos, podemos hacer mucho para mejorarlo.
«Con los ejercicios de Kegel se arregla»
A veces sí. Y otras veces los Kegel no son lo que necesitas. No todos los suelos pélvicos están débiles; algunos tienen un exceso de tensión y necesitan aprender a relajarse, no a contraerse más.

Por eso, antes de mandar ejercicios, hay que valorar qué está pasando.

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