17 de febrero de 2026 · Suelo pélvico

Prostatectomía: ¿y ahora qué?

Cada vez son más los hombres que acuden a consulta de urología y, tras las pruebas pertinentes, reciben la indicación de someterse a una prostatectomía, es decir, la extirpación total o parcial de la glándula prostática. La noticia suele ser impactante, especialmente cuando la decisión está motivada por un carcinoma de próstata. A pesar de su frecuencia, sigue existiendo una gran falta de información en torno a esta intervención y, sobre todo, sobre las posibles secuelas posteriores.

Muchos hombres afrontan la cirugía con desconocimiento, miedo y una fuerte presión social que dificulta hablar abiertamente de los cambios que pueden aparecer después. Sin embargo, la pregunta clave es: ¿son inevitables las secuelas?, ¿se pueden mejorar? En la mayoría de los casos, la respuesta es sí. Gran parte de los efectos secundarios pueden tratarse y, en muchos pacientes, revertirse de forma significativa si se actúa de manera precoz y adecuada.

¿Qué es la próstata y cuál es su función?

La próstata es una glándula que forma parte del aparato reproductor masculino y se encarga de producir parte del líquido seminal que transporta a los espermatozoides durante la eyaculación. Está situada justo debajo de la vejiga y rodea la uretra, el conducto por el que se expulsa la orina.

Con el paso del tiempo, la próstata puede aumentar de tamaño, ya sea por una hiperplasia benigna o por la presencia de un tumor. Cuando este crecimiento comprime la uretra, comienzan a aparecer síntomas urinarios que afectan de forma directa a la calidad de vida.

Hiperplasia prostática: qué es y cómo se manifiesta

Es importante aclarar que una hiperplasia benigna de próstata no es un cáncer ni implica un mayor riesgo de padecerlo. El aumento de tamaño prostático es frecuente con la edad y parece estar relacionado con cambios hormonales. A partir de los 40 años es habitual que la próstata crezca y, a partir de los 80, más del 90 % de los hombres presenta algún grado de hipertrofia prostática.

Los síntomas más comunes son:

  • Dificultad para iniciar la micción
  • Chorro de orina débil o intermitente
  • Goteo al finalizar de orinar
  • Sensación de vaciado incompleto
  • Micciones frecuentes, especialmente nocturnas (nicturia)
  • Urgencia miccional
  • En algunos casos, presencia de sangre en la orina

Tipos de cirugía prostática

Dependiendo de la cantidad de tejido que deba retirarse, hablamos de prostatectomía parcial o radical. El tipo de intervención lo decide el equipo quirúrgico en función de cada caso. Las técnicas más habituales son la resección transuretral de próstata, la cirugía laparoscópica y, en los últimos años, la cirugía robótica asistida, como el sistema Da Vinci, disponible actualmente en el HULA.

Posibles secuelas tras una prostatectomía

Las secuelas dependen del tipo de cirugía y del grado de afectación de los tejidos vecinos, pero existe un efecto común en el postoperatorio inmediato: la incontinencia urinaria. Además, pueden aparecer otras alteraciones como:

  • Incontinencia urinaria de esfuerzo o de urgencia
  • Disfunción eréctil (sin pérdida del deseo ni del orgasmo)
  • Eyaculación retrógrada
  • Incontinencia anal o de gases
  • Estreñimiento y otros trastornos digestivos

En algunos casos, durante la cirugía pueden verse afectados nervios o vasos sanguíneos cercanos, lo que explica parte de estas disfunciones.

El impacto emocional también cuenta

No debe infravalorarse el impacto psicológico. Ansiedad, miedo y estados depresivos son frecuentes, tanto por las secuelas funcionales como por el propio proceso oncológico en los casos de cáncer. Abordar estas emociones forma parte esencial de la recuperación.

La importancia del suelo pélvico en la recuperación

Está ampliamente demostrado que la reeducación del suelo pélvico, idealmente iniciada antes de la cirugía y continuada después, acelera de forma notable la recuperación de la continencia urinaria y anal. Aprender a localizar, activar y coordinar correctamente esta musculatura, junto con el trabajo del core, mejora el control de los esfínteres y favorece también la recuperación de la función sexual.

Es importante aclarar que los ejercicios de suelo pélvico no deben realizarse sin una valoración previa ni sin control profesional. Aunque los ejercicios de Kegel son muy conocidos, en la práctica clínica se observa con frecuencia que muchos hombres, al intentar contraer, hacen exactamente lo contrario: empujan hacia abajo. Este error no se puede detectar a simple vista ni el propio paciente suele percibirlo. La única forma fiable de comprobar si la contracción es correcta es mediante una ecografía, que permite ver en tiempo real cómo se mueve la musculatura del suelo pélvico durante el ejercicio. Por este motivo, la reeducación del suelo pélvico debe estar guiada y, cuando sea necesario, apoyarse en ecografía para asegurar que el tratamiento sea eficaz y no contraproducente.

Hoy en día, además del trabajo activo y manual guiado por un fisioterapeuta especializado, existen tecnologías de apoyo como la estimulación electromagnética de alta intensidad (SIS). Esta herramienta permite activar de forma profunda y no invasiva la musculatura del suelo pélvico, incluso en pacientes con dificultad para realizar contracciones voluntarias, y puede ser un complemento útil dentro de un tratamiento individualizado y bien pautado.

Abordaje de las secuelas sexuales

La disfunción eréctil es una de las preocupaciones más habituales tras una prostatectomía. Aunque puede aparecer incluso tiempo después de la cirugía, existen múltiples opciones terapéuticas: tratamiento farmacológico, dispositivos de vacío, terapia psicológica y trabajo específico del suelo pélvico. En casos seleccionados, pueden valorarse soluciones quirúrgicas. La clave está en no resignarse y consultar con profesionales especializados.

Un mensaje final

Conocer qué puede ocurrir tras una prostatectomía es la mejor forma de afrontar la recuperación con información, realismo y sin miedo. Buscar ayuda especializada y abordar el proceso desde un enfoque multidisciplinar permite, en la mayoría de los casos, recuperar funcionalidad, sensaciones y calidad de vida.

Hablar de ello, informarse y actuar a tiempo marca la diferencia.

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