3 de julio de 2026 · Suelo pélvico

Más allá del suelo pélvico: entender la neuralgia del pudendo

No todo dolor pélvico es una infección. No todo es «algo muscular». Y no todo está en la cabeza. Existe una causa poco conocida, pero muy incapacitante, que puede afectar tanto a mujeres como a hombres: la neuralgia del nervio pudendo.

Aunque no es una patología frecuente, cuando aparece puede alterar profundamente la vida diaria. El problema es que muchas veces tarda en diagnosticarse, porque no se habla de ello y porque sus síntomas pueden confundirse con otras molestias del suelo pélvico.

Qué es el nervio pudendo

El nervio pudendo es uno de los principales nervios del suelo pélvico. Es el responsable de aportar sensibilidad a la zona genital y anal, y participa en el control de los esfínteres. Es decir, interviene tanto en la percepción de lo que ocurre en esa zona como en funciones básicas como la continencia urinaria y fecal.

Este nervio nace en la parte baja de la columna, a nivel del sacro, y recorre un trayecto complejo por la pelvis hasta llegar al periné y los genitales. En ese recorrido atraviesa zonas anatómicamente estrechas y estructuras musculares profundas. Si en algún punto se irrita o se comprime, puede aparecer lo que llamamos neuralgia del pudendo: un dolor neuropático intenso y persistente.

Cómo se manifiesta

El síntoma más característico es el dolor en la llamada «región en silla de montar», es decir, el área que apoyamos al sentarnos. Muchas personas lo describen como quemazón, pinchazos, presión intensa o incluso una descarga eléctrica.

Sentarse puede convertirse en una auténtica tortura, especialmente sobre superficies duras. De hecho, una de las claves para sospechar esta patología es que el dolor empeora claramente al estar sentado y mejora al ponerse de pie o al tumbarse.

Pero no es el único síntoma. También pueden aparecer molestias en la vulva, el clítoris, el pene o la zona anal, dolor durante las relaciones sexuales, sensación de hormigueo o adormecimiento perineal e incluso molestias al orinar o al defecar en algunos casos.

La intensidad puede variar, pero en los casos más severos condiciona la vida social, laboral y personal. Hay personas que dejan de salir, de viajar o incluso de mantener relaciones por miedo al dolor. El impacto emocional puede ser importante, porque se trata de una zona íntima, poco visible y difícil de explicar.

Por qué aparece

Las causas son diversas y, en muchos casos, combinadas. En mujeres puede relacionarse con partos, especialmente si han sido instrumentales o han provocado desgarros importantes. Durante el parto, el nervio puede sufrir estiramientos o compresiones que generen síntomas posteriores.

También puede aparecer por tensión mantenida de la musculatura del suelo pélvico. Un suelo pélvico excesivamente contraído, que no sabe relajarse, puede generar presión sobre el trayecto del nervio.

Otra causa frecuente es la presión repetida sobre el periné, como ocurre en algunos ciclistas. El sillín ejerce apoyo directo en la zona por donde pasa el nervio. En ocasiones los síntomas desaparecen al modificar la actividad, pero si la irritación se mantiene en el tiempo puede cronificarse.

Cirugías pélvicas previas, traumatismos o impactos repetidos también pueden estar implicados.

Es importante aclarar que no todo dolor perineal es una neuralgia del pudendo. Existen lesiones musculares, alteraciones articulares, cicatrices dolorosas o problemas viscerales que pueden provocar síntomas similares. Por eso es fundamental una buena valoración profesional.

Cómo se diagnostica

El diagnóstico se basa principalmente en la historia clínica y en cómo se comporta el dolor. No existe una única prueba que confirme el problema. La exploración física especializada es clave para diferenciar si el origen es muscular, articular o neuropático. En algunos casos pueden realizarse estudios complementarios, pero la valoración clínica sigue siendo el pilar principal.

Un diagnóstico precoz es importante, ya que cuanto más tiempo persiste el dolor, mayor es el riesgo de que el sistema nervioso se sensibilice y el cuadro se vuelva más complejo.

Qué se puede hacer

La buena noticia es que tiene tratamiento. Y cuanto antes se aborde, mejores suelen ser los resultados.

La fisioterapia especializada en suelo pélvico desempeña un papel fundamental en el abordaje de esta patología. El objetivo no es fortalecer sin más, sino normalizar el tono muscular, mejorar la movilidad de los tejidos y reducir la irritación del nervio.

El tratamiento puede incluir terapia manual específica para liberar tensiones en la musculatura profunda, técnicas de movilización neural, trabajo de relajación del suelo pélvico cuando existe hipertonía, reeducación respiratoria y coordinación abdominopélvica, así como ejercicio terapéutico progresivo y adaptado.

En algunos casos, pueden utilizarse herramientas complementarias como la tecnología superinductiva (SIS), que mediante campos electromagnéticos ayuda a modular el dolor y trabajar la musculatura profunda de forma no invasiva. Siempre debe emplearse tras una valoración individualizada y como parte de un plan global.

Además del tratamiento en consulta, los hábitos diarios influyen mucho. Evitar estar sentado durante periodos prolongados, utilizar cojines con descarga central en forma de U, adaptar la práctica deportiva o prevenir el estreñimiento son medidas que pueden aliviar considerablemente los síntomas.

Una última idea

El dolor perineal persistente no es normal. No es «algo que pasa con los años» ni una consecuencia inevitable del parto o del deporte. Tampoco es simplemente psicológico.

La neuralgia del pudendo existe y puede tratarse. Acudir a un profesional formado en suelo pélvico permite realizar una valoración completa y diseñar un plan adaptado a cada persona.

Hablar de ello es el primer paso. Porque cuando sentarse duele, cuando la vida diaria se limita por un dolor que nadie ve, lo último que necesitamos es silencio.

Y lo más importante: tiene solución.

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